Sueño interrumpido Encarando deportación cuando tus hijos son ciudadanos de Estados Unidos

VIDEO | Xitlaly Garcia (en inglés)

Por Amy Wu
Traducción: Centro Comunitario de Información

A la edad de 5 años Noelia López no puede mantenerse seria.  Durante una entrevista con su madre Xitlaly García, quién está describiendo la incertidumbre que siente acerca de ser una Soñadora, Noelia hace tonterías, no puede contenerse.

Xitlaly explica cómo es el estar en el entramado de un debate político internacional.  “Veo mi futuro incierto”, dice.  Y Noelia acaricia a su mamá en un sofá de su modesto departamento en Monterey, hace gestos a la cámara, saluda tímidamente con la mano.  Es chistosa y tú no puedes más que sonreír ante su inocencia juguetona, incluso cuando su madre describe su miedo por el futuro.

“Temo por mis hijos”, dice García.  “Ellos solo me tienen a mí para cuidarlos”.

Noelia y su hermana de 9 años de edad, Valeria, están entre un estimado de 200,000 niños en los Estados Unidos que tienen padres inscritos en el Programa de Acción Diferida, también conocido como DACA. Les ha sido concedido un derecho de nacimiento que sus padres no tienen: la ciudadanía de Estados Unidos. Son los hijos de residentes de los Estados Unidos conocidos como Soñadores — jóvenes hombres y mujeres que fueron traídos a los Estados Unidos sin documentos siendo niños y que durante mucho tiempo han sido piezas involuntarias de un juego político.

El presidente Barack Obama inició el programa DACA hace cerca de 5 años por medio de una orden ejecutiva. La acción tuvo la finalidad de prevenir que cientos de miles de Soñadores fueran deportados y les dio acceso a permisos de trabajo, licencias de manejar y educación universitaria.

Pero a inicios de este año, el presidente Donald Trump dio indicios de que iba a cambiar el rumbo.  En un memorándum, el Departamento de Seguridad Interna urgió a los beneficiarios de DACA  a “usar el tiempo restante que tenían en sus permisos de trabajo para arreglar su salida de los Estados Unidos —incluyendo que proactivamente buscaran documentación para viajar— o solicitar otros beneficios de migración de los cuales pudieran ser elegibles”.

DACA proporcionó alivio a millones de soñadores que no serían deportados mientras siguieran las reglas, pero las reglas están cambiando. Para los Soñadores que son padres de niños pequeños, la posibilidad de separarlos de sus hijos —hijos que son ciudadanos estadounidenses— crea un nivel adicional de ansiedad. En el lapso de sólo unos meses pasaron de sentirse seguros acerca de su estatus en los Estados Unidos a preocuparse por lo que pasaría con sus hijos si ellos fueran obligados a abandonar el país.

“Quiero que mi hijo viva en un país y no tenga que preocuparse que yo no esté ahí”, dice Oscar Escalante, de 18 años, un Soñador de Marina y padre de un niño de 2 años de edad llamado Anthony.

Escalante, quien fue traído a los Estados Unidos de Michoacán, México, cuando sólo tenía 2 años de edad, se convirtió en padre cuando era estudiante de primer año de la preparatoria Marina. Ahora está tomando clases en el Colegio de la Península de Monterrey (MPC por sus siglas en inglés) con la meta de convertirse en ingeniero mecánico. También trabaja tiempo completo en el Sanctuary Beach Resort  de Marina ganando $11.50 la hora.  Ha trabajado cosechando fresas en Salinas mientras estudiaba, pero se inscribió en un programa de capacitación de la preparatoria Marina después de que supo que su novia estaba embarazada.

Xitlaly García también fue traída a los Estados Unidos cuando tenía 11 meses de edad. Sus padres la trajeron a ella y a otras tres hermanas de Oaxaca. Ellos regresaron a Oaxaca pero volvieron a los Estados Unidos poco después y han vivido en la Península de Monterey desde entonces. Sus padres se separaron: su padre vive en México.

García ahora tiene 30 años, y dejó de asistir a la preparatoria en el segundo año. La educación no era prioridad para su madre soltera, dice, y García pensó que estaba siendo “rebelde”.  Al igual que su madre, García trabajó en empleos con baja paga en la industria de servicios. Fue capaz de salir de las sombras después de que Obama decretó la orden para el programa DACA. En un intento por obtener mejores empleos ella y un par de sus hermanas contrataron a un abogado de migración e hicieron solicitud exitosamente para obtener estatus DACA.  Ella obtuvo el equivalente a educación preparatoria (GED por sus siglas en inglés) y encontró un nuevo empleo, con todos los beneficios, como ama de llaves en el Centro de Cuidados Carmel Hills.

“Teniendo un permiso de empleo te permite evitar trabajos sin futuro”, dijo García.

Ella dice que las mujeres con las que ha trabajado la han inspirado a continuar su educación.  Le han dicho que ella tiene ventajas que anteriormente ellas no tuvieron —habla inglés, ha vivido la mayor parte de su vida aquí— y merece una mejor vida.

García se inscribió en el colegio de la Península de Monterrey con la esperanza de obtener una licenciatura en administración de empresas.  Ella compaginó su trabajo con la escuela y sus hijos.

En mayo, el anuncio del presidente Trump trastocó la sensación de seguridad que ella y otros usuarios del programa DACA sentían. Después de discutir con su consejero escolar, decidió participar en un grupo llamado Asociación de Soñadores en Acción, quien ayuda recolectando fondos y provee recursos en línea. Se sintió fuerte para hablar y solicitó  la extensión de su estatus DACA por otros 2 años.

Ella dice que habla sinceramente con sus hijos acerca de su situación. “Les dije la verdad”, dice. Les dijo que se siente confiada que permanecerá en los Estados Unidos por al menos otros 2 años. “Si algo sucediera en esos dos años, haría todo lo que pudiera para permanecer aquí”, dice. “Les digo que  las cosas se pueden poner feas pero también les digo que si algo me pasa a mí, ellos deben permanecer fuertes y luchar por la causa. A lo mejor es poner mucho peso en sus hombros, pero creo que es importante”.

Escalante dice que naturalmente está preocupado por verse obligado a ir a un país que no conoce. “Dejé México cuando tenía 2 años así es que los Estados Unidos es prácticamente mi hogar”,  dice. “No conozco nada fuera de los Estados Unidos”. Además, la separación potencial de su hijo es una tensión añadida. Escalante dice que ha estado tratando de ahorrar todo el dinero que puede para ayudar a su novia y su hijo en caso de que sea forzado a abandonar el país. Su novia es ciudadana, así que Anthony tendría cuidado en los Estados Unidos en caso de que Escalante tuviera que irse.  Los tres viven en una habitación compartida en la casa de sus padres.  Trata de ser austero, pero ocasionalmente encuentra formas de improvisar. No hace mucho tiempo usó dinero que recibió de un reembolso de impuestos para pagar por el bautizo de su hijo.

Recientemente renovó su permiso de trabajo por otros dos años, pero teme que las reglas puedan cambiar de nuevo, dice que le inspiran sus padres y está motivado por la política de los tiempos.

Durante sus primeros años de vida en los Estados Unidos, él y sus padres vivieron en un departamento de 2 recámaras con otras seis personas en Salinas. Su padre trabajó en los campos de fresas.  “Ellos vinieron aquí para encontrar una mejor vida”, dice. “Cuando venimos aquí no teníamos nada”.

Eventualmente su padre encontró un trabajo mejor pagado en la industria de la construcción, en la Península de Monterey y así fue como Escalante terminó asistiendo a la preparatoria de Marina donde jugó fútbol americano y soccer. “Mi hijo nació cuando iba en el onceavo grado y desde entonces han sido escuela, trabajo y bebé.  Trato de aprovechar todo al máximo”.

Admite que está temeroso por el futuro, ahora que las reglas parecen estar cambiando. “Tengo que ser más cuidadoso acerca de lo que hago y cómo me presento a mí mismo como persona”, dice. “Cualquier movimiento equivocado y parece que ellos te sacarán”.

Escalante dice que algunos de sus amigos están desanimados y han hablado acerca de abandonar la escuela. Él también ha participado activamente en los Asociación de Soñadores en Acción en MPC.

Yuliana Vázquez, una consejera del colegio de la Península de Monterey, dice que las amenazas para disolver DACA han tenido un efecto adverso en los estudiantes. Dice que los estudiantes abandonaron las clases en las primeras semanas después de que se conocieron las noticias.  De forma similar en el Colegio Comunitario de Hartnell, Bronwyn Moreno, director de asuntos escolares reporta que los estudiantes Soñadores también están preocupados, están abandonando clases por cuestiones financieras o porque están confundidos o preocupados acerca de su elegibilidad debido a la incertidumbre con DACA.

“De alguna forma trato de usar a Trump como motivación”, dice Escalante. “Sé que debo empujarme a mí mismo más, y demostrarle a la gente.  Eso como que me inspira a ser mejor en la vida y a luchar por cosas”.

García, por otra parte, decidió renunciar a la escuela después de este semestre, al menos por ahora.  Dice que la incertidumbre de su estatus en los Estados Unidos y las necesidades de su familia la han forzado a concentrarse en su empleo mientras tiene un permiso de trabajo.  A propósito no está haciendo planes en caso de que sea forzada a dejar el país.

“No quiero pensar de esa forma”, dice. “No quiero pensar negativamente. Como madre, como padre, no quiero cruzar la línea dónde tengas que hacer planes como ésos”.

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Amy Wu

About Amy Wu

Amy Wu is a veteran and award-winning investigative journalist with more than 24 years of experience, and has worked at Time Magazine, The Salinas Californian / USA Today Network and written for The New York Times, Huffington Post and Wall Street Journal. She writes about agriculture and the environment and splits her time between New York and California.