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Por Robert J. Lopez
Photos por Barbara Davidson
Este artículo fue producido por Capital & Main. Se reproduce aquí con permiso.
En el valle de Sacramento, en California, un agricultor fue sancionado por cometer varias infracciones ligadas al uso seguro de pesticidas en un huerto de frutas con hueso.
En las extensas tierras de cultivo cerca de la Costa Central, un proveedor de semillas que cultiva pimientos, verduras y frutas fue sancionado con más de dos docenas de infracciones en materia de seguridad en el uso de pesticidas, algunas de las cuales se consideran delitos graves por representar riesgos para la salud o el medio ambiente.
En el Valle de San Joaquín, un minorista agrícola con historial de infracciones en materia de seguridad con pesticidas fue sancionado por no proporcionar equipos de protección a los trabajadores ni publicar información médica de emergencia en los campos de cultivo.
En total, desde principios del 2020 hasta junio de 2025, los inspectores de seguridad de pesticidas de los condados de California aplicaron cerca de 18,000 medidas de control y regulación. Sin embargo, según los registros estatales, menos del 30% resultaron en multas.
Dichas sanciones impuestas por los reguladores eran por lo general bajas: las multas oscilaban entre los 50 y los 250 dólares, y variaban considerablemente de un condado a otro a pesar de responder a las mismas infracciones; esto según un análisis a más de 40,000 registros oficiales obtenidos a través de solicitudes de acceso a registros públicos.
El sistema regulatorio diseñado para proteger a los trabajadores agrícolas de los pesticidas se aplica de forma inconsistente en toda California. Incluso hay escasez de sanciones ante algunos casos en los que los reguladores descubrieron a empresas que pusieron en peligro a los trabajadores o que cometieron múltiples infracciones. En cambio, les dieron notificaciones a modo de advertencias o para solicitarles corregir dichos problemas, incluso sin recibir sanción alguna, según reveló una investigación de Capital & Main.
Decenas de trabajadores agrícolas declararon en entrevistas haber sufrido de náuseas, ardor en los ojos o irritación de garganta debido a la contaminación química de los campos. La mayoría dijo no haber denunciado dichos problemas por temor a represalias o por falta de confianza en el sistema regulatorio.
“Sí, hay leyes”, dijo Jesús, un hombre con el rostro marcado con arrugas tras años de cosechar ajo, podar vides y recoger moras en el soleado Valle de San Joaquín. “Pero, lamentablemente, la ley a veces favorece a los poderosos; se pone del lado de los ricos”, añadió, pidiendo que no se revelara su apellido por temor a represalias de sus jefes.
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Activistas laborales y comunitarios que le han dado seguimiento a los problemas de seguridad vinculados a los pesticidas sostienen que, tanto las sanciones leves como las cartas de advertencia o las notificaciones escritas, no logran disuadir a los infractores de sus acciones, especialmente a aquellos que reinciden, así como las grandes empresas que pueden absorber fácilmente los costos de las multas.
Los registros estatales muestran que se emitieron más del doble de cartas de advertencia y notificaciones que de sanciones, lo que plantea serias dudas sobre la rendición de cuentas y de que se pueda lograr una disuasión exitosa, según Bianca Lopez, cofundadora y directora de Valley Improvement Projects, una organización que monitorea la seguridad de los pesticidas en el norte del Valle de San Joaquín.
Estos hallazgos aparecen mientras los funcionarios estatales proponen reformar el sistema regulatorio de pesticidas, el cual lleva décadas en vigor, con el fin de reforzar la aplicación de la ley y estandarizar las sanciones. Varios grupos que representan a productores, minoristas y proveedores de servicios agrícolas han rechazado enérgicamente dichas propuestas.
Los comisionados agrícolas del condado son los encargados en ejecutar las regulaciones actuales, y son ellos quienes supervisan el empleo de pesticidas en sus jurisdicciones, mientras que promueven a la industria agrícola de California, cuyo valor se estima en los 61 mil millones de dólares.
En un comunicado, el Departamento de Reglamentación de Pesticidas de California (California Department of Pesticide Regulation) reconoció la necesidad de mejorar la regulación y garantizar que se aplique de manera uniforme en todos los condados.
La portavoz del departamento, Amy MacPherson, declaró que los funcionarios también están proponiendo nuevas regulaciones que aumentarían las multas por infracciones que afecten la salud pública. Esto incluye casos en los que las sustancias químicas tóxicas se dispersan en campos o comunidades vecinas, provocando enfermedades.
MacPherson afirmó que los comisionados agrícolas del condado tienen el criterio necesario para decidir qué herramientas —sean cartas de advertencia, notificaciones escritas o multas— se deben utilizar para la aplicación de la ley, dependiendo de la “naturaleza y gravedad de la infracción” ante alguna situación determinada.
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Paola López, quien ha cosechado pasas en el valle central de San Joaquín, apoya la aplicación de medidas y regulaciones más contundentes.
Un sábado a finales de septiembre de 2025, en un campo del condado de Fresno, esta madre de cuatro hijos estaba subiendo cajas de uvas en un montacargas cuando un tractor fumigador pasó a pocos metros de distancia. La mujer de 40 años de edad recuerda haber escuchado una fuerte explosión, recibiendo después un rocío tóxico que le cubrió la cara y los brazos.
“Me costaba respirar un poco y me empezaron a arder mucho los ojos”, dijo, relatando el incidente a un periodista. “Casi no podía ver”.
Desorientada, llamó a la activista local Nayamin Martínez, directora ejecutiva de la Red de Justicia Ambiental del Centro de California (Central California Environmental Justice Network). López había recibido capacitación sobre seguridad en el uso de pesticidas por parte de la organización.
Martínez le dijo a López que fuera a un hospital y que presentaría una denuncia formal con la oficina del comisionado agrícola del condado de Fresno.
“Empezó a vomitar y se mareó”, escribió la activista local sobre López en la denuncia.
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