‘Simplemente confié en su uniforme’ Residente del sur del condado de Monterey describe una inusual parada de tráfico en Jolon Road

ARTÍCULO |

Por George B. Sánchez-Tello
Traducción: Víctor M. Almazán

En medio de la oscuridad de un camino rural que serpentea entre Fort Hunter Liggett, en el sur del condado de Monterey, una camioneta blanca siguió repentinamente a María Guadalupe Orozco, una joven que conducía sola, la noche de un viernes a mediados de enero. El parpadeo de las luces delanteras la preocupó. Luego, las luces intermitentes sobre el vehículo de la policía le brindaron una momentánea sensación de alivio.

Lo que siguió no fue nada típico para alguien que había conducido de arriba a abajo por esa carretera durante gran parte de su vida. 

Fue el comienzo de un encuentro con un hombre camuflado que evoca una reciente oleada de controles de tráfico que terminaron en detenciones migratorias. Este no sería el caso de Orozco (nombre ficticio), ciudadana estadounidense y educadora nativa del condado de Monterey. 

Orozco dijo que la detuvieron el 16 de enero en Jolon Road, en Fort Hunter Liggett. La detención y sus circunstancias le resultaron extrañas, algo que no pudo explicar del todo hasta que se enteró que detenciones de tráfico similares en Jolon Road estaban provocando deportaciones entre los residentes indocumentados de la región. Comentó que contactó a Voces de la Bahía de Monterey para compartir su historia, concientizar sobre las detenciones migratorias y con la intención de proteger a otros.

La Red de Solidaridad del Condado de Monterey, un grupo de voluntarios que ayuda a los inmigrantes a defender sus derechos constitucionales y les asiste en caso de detención, confirmó en redes sociales, que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) detuvo a un residente del Condado de Monterey en el mismo camino esa noche, poco después del encuentro de Orozco. La Red de Solidaridad ha informado que se han producido al menos diez detenciones de inmigrantes en Jolon Road desde el 30 de diciembre de 2025.

La parada de tráfico que experimentó Orozco sigue un patrón descrito anteriormente por un abogado local de inmigración.   

Un funcionario de Asuntos Públicos del Ejército de EE. UU. declaró previamente que la policía militar no hace comentarios sobre operaciones policiales. Las llamadas y correos electrónicos enviados a las agencias federales de inmigración no han sido respondidos.  

Orozco trabaja en el este de San José y es originaria del Valle de Salinas. Sus familiares residen en el sur del condado de Monterey. Forma parte de la primera generación de su familia nacida en Estados Unidos tras llegar de México. Orozco solicitó el anonimato porque le preocupa que revelar su nombre y otros detalles podría poner en peligro a su familia.

Durante más de cinco años, Orozco ha recorrido los fines de semana más de 100 millas desde su casa en el condado de Santa Clara hasta la casa de su familia en el sur del condado de Monterey. Conoce Jolon Road desde la salida de la autopista US 101. No es raro conducir largos tramos sin ver a otros conductores. También está acostumbrada a los oscuros caminos rurales sin alumbrado público.

“Aquí afuera está completamente oscuro. No hay focos, ni luces de la ciudad. No hay nada, ni siquiera de la base (militar)”, dijo Orozco. 

La carretera es una ruta común hacia el Lago San Antonio, agregó. 

“El lago San Antonio es donde crecimos acampando y flotando en el río. Es donde muchos de nosotros crecimos yendo”, recordó Orozco. “No es raro que campistas y navegantes pasen por ahí”. 

La mayoría de las personas que viajan hacia el lago San Antonio ni siquiera se dan cuenta de que pasan por Fort Hunter Liggett cuando están en Jolon Road, agregó. 

“Yendo hacia el sur, no hay ninguna indicación de que se esté saliendo o entrando a la propiedad de la base”, explicó. “Solo se indican los límites de velocidad y que se harán cumplir”.

Orozco señaló que hay un pequeño cartel frente al carril en dirección norte, 

Su padre ya había sido detenido por la policía militar por no tener direccionales y luces de freno funcionando, dijo. Esas detenciones siempre fueron cordiales y se ajustaron al procedimiento, añadió. Pero ser detenida el 16 de enero fue diferente, dijo Orozco.

Orozco recordó que salió del condado de Santa Clara alrededor de las 6 p. m. de esa noche. Su compañero de viaje era un perro de 11 años. Alrededor de las 7:45 p. m., conducía hacia el sur por Jolon Road. Orozco iba detrás de una camioneta blanca. La camioneta se detuvo al lado de la carretera, esperó a que ella pasara y dio la vuelta para seguir a un sedán blanco que se dirigía hacia el norte en el carril contrario. 

Menos de 10 minutos después, Orozco vio unas luces amarillas a lo lejos, en su espejo retrovisor. Las luces comenzaron a acercarse a medida que el vehículo se acercaba, dijo. La camioneta se acercó tanto que parecía que la seguía muy de cerca, recordó. El conductor encendió y apagó las luces.

“Eso me asustó”, dijo Orozco. “Como mujer soltera, soy fuerte, pero ya estoy pensando que alguien me va a detener y podría hacerme daño. Me sentí intimidada”.

Orozco dijo que aceleró para hacer espacio en la carretera. 

Me seguían cada vez más de cerca. Me siguieron durante un minuto y medio, quizá tres”, recordó Orozco. “En un momento, casi llamé a mi papá. Cuando pensé en pedirle ayuda, la policía encendió sus luces: azules, rojas y blancas”.

Excepto que no era la policía. 

Las luces al principio la tranquilizaron, recuerda Orozco, porque al menos sabía que se trataba de la policía y no de alguien con malas intenciones.

Salió de la carretera y bajó las ventanillas de los asientos delanteros, tanto del conductor como del copiloto. Habiendo vivido en la ciudad y habiendo sido detenida por la policía antes, esperaba que se acercaran al coche, pero no fue así, lo cual la desconcertó. 

Un hombre con uniforme de camuflaje verde militar se acercó al auto de Orozco desde el lado del conductor, pero se quedó a una distancia de siete a diez pies, estima ella, prácticamente en la carretera. 

“Estaba tan asustado que no me fijé en nada. Simplemente confié en su uniforme”, recordó Orozco.

Los gestos y el modo de hablar del hombre indicaban que parecía confundido acerca de a quién había detenido, dijo, y su reacción fue desconcertante. 

“Me preocupó y me hizo preguntarme qué iba a pasar después”, dijo Orozco.

El hombre le preguntó si sabía que tenía una luz trasera apagada. Orozco le preguntó si era la luz de freno. El hombre respondió que creía que sí, pero no estaba seguro.

“Ni siquiera lo sabía”, recordó Orozco. “Viniendo de la ciudad, los policías saben de lo que te hablan y te dicen que debes cambiar la luz del freno”.

El hombre le pidió entonces su licencia de conducir. Orozco obedeció y le entregó su licencia de California. Le temblaba la voz y le dijo que la forma en que había acelerado detrás de ella la había asustado. El hombre se disculpó, recordó. 

El hombre regresó a su camioneta con la licencia de Orozco. Unos 90 segundos después, regresó a su auto, acercándose por el lado del pasajero. Recuerda que el hombre le preguntó sobre algunas características únicas de su auto, pero mientras ella explicaba, los interrumpieron. 

“Alguien lo llamó por radio y le exigía respuestas”, recordó Orozco. “Dijo: ‘Sí, no, es solo una amonestación verbal por esta noche. Los vamos a dejar ir’”.

La llamada por radio indicó que otra persona estaba al tanto de la parada y esperaba instrucciones del hombre que la había parado, dijo Orozco. 

El hombre le devolvió su licencia de conducir y le dijo que disfrutara su comida: en el auto se veía una bolsa de comida rápida. 

Orozco no recibió ninguna multa, advertencia escrita o documentación de la parada de tráfico.

Ninguna, lo cual fue otra cosa extraña”, dijo Orozco. “Le dijo a su agente por radio que era un aviso verbal, pero no me dijo que era una advertencia. Eso fue otra cosa. La policía suele darte una advertencia y decirte que tienes cierto periodo de tiempo para arreglar la luz”.

Libre para irse, Orozco continuó su camino a casa, pero estaba preocupada.

“Estaba nerviosa”, dijo. “Estaba constantemente revisando si había alguien detrás de mí. Eso resulta incómodo cuando uno va camino a casa”. 

Una vez en casa, Orozco compartió su experiencia con su padre. 

“También le pareció muy extraño”, dijo. “También ha oído rumores, susurros y especulaciones de que la gente se siente intimidada”.

Desde esa parada de tráfico, decidió no conducir más por Jolon Road de noche cuando visita a su familia

La semana siguiente, el miércoles 21 de enero, Orozco recibió un mensaje en Instagram de una tía que vive en el Valle de Salinas. Orozco no vio el video del mensaje hasta la mañana siguiente, mientras se preparaba para ir a trabajar. 

El video es el testimonio de Francisco Galicia, ciudadano mexicano que fue detenido recientemente en Jolon Road y posteriormente deportado. Galicia regresaba de pescar en el lago San Antonio cuando fue detenido por agentes de inmigración. El video termina advirtiendo a la gente que evite esa carretera.

La Red de Solidaridad del Condado de Monterey se comunicó con Galicia y verificó sus afirmaciones. 

“Dije: ‘Sí, eso es exactamente lo que potencialmente podría haber sucedido’”, dijo Orozco. 

Orozco se pregunta si lo que provocó esa parada en Jolon Road fue algo más que la luz del freno. Ella cree que su privilegio como ciudadana estadounidense impidió que inmigración interviniera. Aunque sabe que hay ciudadanos estadounidenses detenidos.  

“¿Fue mi licencia lo que me salvó? ¿Fue mi perro y que no quisieran lidiar con un perro perdido?”, se preguntó Orozco. “Pudieron haber pasado tantas cosas”.

“Era evidente que tenían una estrategia planificada de antemano y decidieron no seguirla adelante, fuera lo que fuese”, dijo. 

Cuando se enteró de las detenciones de inmigrantes en Jolon Road, cerca de Fort Hunter Liggett, Orozco dijo que estaba preocupada por la pérdida de la confianza pública en el ejército y en las fuerzas del orden. 

“ICE es diferente del ejército, pero esto demuestra que en el condado de Monterey están unidos, en una zona con una población del 90 al 99 % de latinos e inmigrantes”, dijo Orozco. “Es un duro golpe, para los estudiantes de preparatoria, para los niños que participan en el grupo de agricultura 4-H; para todos los que no sólo le temen a ICE, sino que ahora potencialmente le temen a nuestro ejército, a nuestros soldados, que juraron proteger y servir”.

Acerca de George B. Sánchez-Tello
George B. Sánchez-Tello es un reportero y escritor galardonado. Actualmente imparte clases en el Departamento de Estudios Chicanos de la Universidad Estatal de California, Northridge. Escríbale a Signal @gbst.68.

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About George B. Sanchez-Tello

George B. Sánchez-Tello is an award-winning reporter and writer. He currently teaches in the Department of Chicana and Chicano Studies at California State University, Northridge. Message him on Signal @gbst.68.