Racismo ambiental en el sur del condado Un problema evidente y silencioso a la vez

Trabajadores de la fresa trabajando el 22 de agosto bajo cielos cubiertos de ceniza por los incendios en las afueras de Salinas. | Foto por Claudia Meléndez Salinas

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Por Yajaira García Meza

Traducción: Maribel Hernández-Luna

Antes de ir a la universidad de California, trabajé en los campos cerca de mi ciudad natal de Greenfield. Durante dos veranos, deshierbé y aclaré campos de lechugas.

Conseguir un trabajo en el campo es relativamente fácil; no se requiere experiencia. Fue una oportunidad para desarrollar experiencia laboral. Trabajaba junto a personas que trabajaban en campos la mayor parte de su vida adulta. En ese momento, el dinero que ganaba parecía razonable. No fue hasta que tuve mi primer trabajo profesional con muy buen sueldo, vacaciones pagadas, y horas de enfermedad pagadas que me di cuenta de que el trabajo agrícola es una explotación por el trabajo duro requerido.

Además del desgaste físico que el trabajo de campo provoca en el cuerpo, los trabajadores agrícolas están expuestos de primera mano a insecticidas y químicos dañinos. Una mañana me encontré con mis compañeros de trabajo en un campo y nos invadió un olor horrible. Resultó que el campo fue rociado con pesticidas la noche anterior y nos dijeron que nos fuéramos de inmediato.

Pensé poco en la situación en ese momento. Recuerdo que mis compañeros de trabajo dijeron que podríamos habernos enfermado si procedíamos a trabajar. Ha sucedido antes. En 2017, 17 trabajadores agrícolas se enfermaron después de estar expuestos directamente a un campo cerca de Salinas que había sido rociado con pesticidas.

Crecí en el sur del condado de Monterey, rodeado de agricultura. Greenfield es una pequeña ciudad agrícola que forma parte de la “Ensaladera del mundo”. El Valle de Salinas recibió el apodo de “Ensaladera” porque produce la mayor parte de la lechuga, el brócoli,  y la espinaca del mundo, solo por nombrar algunas de las  verduras que aquí se cultivan.

Si conduce hacia el sur por la carretera 101, seguramente pasará sin notar  mi ciudad pequeña en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo,  no se perderá los vibrantes campos verdes a lo largo de la carretera. Durante más de 20 años de mi vida, estos campos fueron todo lo que conocí; campos tras campo. A pesar de estas circunstancias, estoy orgullosa de ser de una comunidad de trabajadores agrícolas. Estoy orgullosa de haber trabajado en esos campos.

Cuando comencé mi educación en la Universidad de California, Berkeley, me di cuenta de que la pequeña ciudad natal que pensé conocer estaba siendo ignorada. Siempre me entretiene leer el empaque de las verduras en las tiendas para ver de dónde vienen. La mayoría de las veces, el empaque dice  “Salinas California”. No es sorprendente, ya que Salinas es la sede de la mayoría de las corporaciones agrícolas del valle. ¿Pero qué pasa con Greenfield?

El Racismo ambiental existe y prospera en comunidades históricamente marginadas.

De niños, se nos enseña a lavar los productos recién comprados de inmediato para evitar el consumo de bacterias dañinas, como E.coli. Sin embargo, pasamos por alto la explotación laboral que viene con la cosecha de estos vegetales. Muchos inmigrantes latinos trabajan desde el amanecer hasta el anochecer, haciendo un trabajo agotador para cosechar los productos que se consumen en las mesas de comedor de los estadounidenses.

Los trabajadores agrícolas no reciben salarios dignos, al contrario trabajan en condiciones de trabajo peligrosos que pueden conducir a casos extremos de deterioro físico y mental. Las preocupaciones químicas surgen de la exposición excesiva a pesticidas. Llamo a esto el “tema silencioso” porque rara la vez se habla de él en mi comunidad y más allá.

Abordar el racismo ambiental es complejo, ya que hay intereses que compiten en juego. Los trabajadores agrícolas dependen de salarios mal pagados para vivir, las corporaciones agrícolas ganan miles de millones de dólares y necesitamos los vegetales para nuestra alimentación. A nivel local, estas corporaciones multimillonarias financian campañas políticas, por lo que nuestros políticos locales nunca iniciarán conversaciones para abordar el elemento de explotación ambiental del trabajo contractual.

El tema también se ignora en los niveles legislativos superiores. Históricamente, los proyectos de ley solo han beneficiado a las corporaciones y no a los trabajadores ni a las comunidades. El racismo ambiental existe y prospera en comunidades históricamente marginadas. El sur del condado de Monterey tiene una población predominantemente latina, con bajo nivel educativo y residentes de  bajos ingresos. Muchas familias, incluyendo la mía, dependen de sus trabajos agrícolas, por lo que es extremadamente difícil hablar en contra de estas corporaciones agrícolas.

Debemos comenzar a abordar los efectos que los pesticidas están imponiendo en las comunidades del condado de Monterey. Basado en CalEnviroScreen 3.0 (una herramienta para evaluar el potencial de daño ambiental), Greenfield tiene una población relativamente pequeña pero altos niveles de contaminación por pesticidas. Es posible que no veamos los efectos secundarios inmediatos de los pesticidas ahora, pero seguramente las consecuencias de la exposición prolongada para la salud se harán evidentes a largo plazo.

Como mencioné anteriormente, no pensé demasiado en la exposición potencial que experimenté mientras trabajaba en el campo hasta años después. Ahora que estoy informado sobre los efectos en la salud de los pesticidas y el racismo ambiental, me di cuenta de que mi experiencia es uno de los  muchos problemas que se ignoran o minimizan en el Valle de Salinas. Ese incidente del 2017 en el que las personas recibieron atención médica por intoxicación por pesticidas? La corporación agrícola fue multada con solo cinco mil dólares.

Debemos exigir que nuestros funcionarios electos comiencen a regular estrictamente el uso de pesticidas. Debemos comenzar a educar a la comunidad sobre los efectos de los pesticidas y a trabajar con organizaciones comunitarias para exigir responsabilidad. Además, hago una llamada a la acción para que todos los ciudadanos se unan y resuelvan este problema actual.

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Yajaira Garcia Meza

About Yajaira Garcia Meza

I grew up in Soledad and Greenfield for most of my life, my love for my community drives my passion to bring change and justice across different systemic and institutional racism. I graduated from Greenfield High School in 2016. I am about to finish my Bachelors of Arts in Political Science and minor in Public Policy at the University of California, Berkeley.