El final decepcionante pero completamente apropiado de la desviación de Prunedale Una última humillación: el veto gubernamental

Por Joe Livernois
Traducción: Centro Comunitario de Información

MÚSICA: “Working on the Highway” de Bruce Springsteen

Conviene subrayar, para la posteridad o algo por el estilo, que la desviación de Prunedale ha sufrido un vergonzoso contratiempo final.

Esta vez, llegó el 4 de octubre en la forma de un veto del gobernador. Y una vez más, dejó a oficiales del transporte local decepcionados e impotentes. Pero en el contexto de la desviación de Prunedale, un veto del gober parece poéticamente apropiado. El hecho de que persistieran ciertos asuntos con respecto a la desviación era asombroso. Pensé que hacía mucho que la desviación de Prunedale estaba muerta y sepultada, enterrada en una cripta grabada con un epitafio enjundioso sobre la ineficiencia gubernamental y oportunidades desperdiciadas.

Imaginense mi sorpresa al enterarme que la Asambleísta Anna Caballero, representante demócrata de Salinas, patrocinó una propuesta de ley este año que, de aprobarse, hubiera dejado descansar a la desviación de Prunedale de una vez por todas, y de forma que hubiera beneficiado al condado de Monterey por lo menos un poco.

La miserable suma que el condado hubiera recibido de la venta de los terrenos hubiera sido como recibir el premio de consolación por terminar en último lugar.

Para toda una generación de residentes, legisladores y burócratas del norte del condado de Monterey, la desviación de Prunedale ha sido un parteaguas político.

Políticos construyeron y arruinaron sus carreras por él. Propietarios fueron forzados a ceder franjas de tierra para el paso de la desviación. Familias que perdieron a sus hijos e hijas en el callejón sangriento de la vieja carretera 101 adoptaron la desviación como campaña personal. Intereses financieros en la península de Monterey esperaban con ansia que se completara para terminar con el embotellamiento en el 101 porque los turistas nunca llegan demasiado pronto. Empleados del condado invirtieron incalculable tiempo, energía y recursos para construir esa cosa.

Depende de con quién hablaras, la desviación o habría resuelto muchos problemas o era otro despilfarro gubernamental.

Hace muchas décadas, el estado adquirió cientos de hectáreas de terreno para el paso de la desviación. Hoy, con la muerte de la desviación, el estado necesita deshacerse de 353 acres en su posesión. La ley que patrocinó Caballero hubiera asegurado que cualquier dinero que el estado obtenga al vender la tierra — tal vez hasta 10 millones de dólares — pudiera haber sido usada para otros proyectos viales en el condado de Monterey.

En el contexto de todo lo que ha pasado — o no ha pasado — durante unos 50 años con la desviación de Prunedale, la miserable suma que el condado hubiera recibido de la venta de los terrenos hubiera sido como recibir el premio de consolación por terminar en último lugar.

“Es una gota en la cubeta en términos del fondo general del estado,” dijo Debbie Hale, directora ejecutiva de la Agencia de Transporte del Condado de Monterey. “Pero a nosotros nos hubiera ayudado tener esos fondos.”

Ambos la Asamblea y el Senado aprobaron la propuesta de ley AB 696 en días consecutivos en septiembre y en votos contundentes. Pero luego el Gobernador Jerry Brown la vetó.

Es el segundo veto sobre el asunto en dos años. El año pasado, el ex-asambleísta Luis Alejo escribió una propuesta similar pero Brown también la rechazó. En el mensaje de su veto, Brown dijo que el dinero recaudado por la venta de los terrenos del paso se usaría para pagar bonos estatales de transporte. “Mantener esta fuente de financiamiento para el fondo general es aún más necesario cuando el presupuesto estatal sigue balanceado de forma precaria,” escribió.

En otras palabras, el estado quería el dinero para sus propios gastos.

El acceso para entrar y salir o cruzar la carretera ocupada desde los caminos laterales siempre se sentía como un espeluznante, altamente riesgoso juego de Frogger.

Cuando parecía buena idea, residentes locales con buenas intenciones hicieron lo que pudieron para hacer de la desviación una realidad. A veces rentaban camiones y los llenaban para ir a Sacramento para que el condado de Monterey tuviera buena representación durante audiencias legislativas claves de transporte. Un cabildero de medio tiempo fue contratado para representar los intereses del condado de Monterey.

Eventualmente el estado declaró que el condado de Monterey y otros condados rurales podían competir con los grandes condados urbanos si mostraban disposición para poner de su propio dinero donde tuvieran necesidades. Si el condado de Monterey podía probar que sus residentes estaban dispuestos a pagar su “porción justa” para construir la desviación, el estado pondría lo demás. Se conoce a la fórmula como ser un condado de “auto ayuda.”

Lo que siguió fueron una serie de medidas en las balotas locales — cuatro en total — para pedirle a los electores en el condado de Monterey si querían imponerse impuestos a sí mismos para ayudar a pagar un paquete de proyectos de caminos y transporte. La desviación de Prunedale fue siempre una atracción estelar en esas medidas.

La primera de esas iniciativas, la Medida B, fue aprobada en 1989. Fue considerada un logro singular — un aumento de impuestos aprobado por los contribuyentes. Los oficiales del condado comenzaron a recaudar millones de dólares en impuestos a la venta adicionales, y lo apartaron todo para proyectos de carretera como la desviación. Pero el voto fue declarado inconstitucional. Los oficiales del condado pensaron que necesitaban una mayoría simple para aprobarlo, cuando en realidad la medida requería 67 por ciento del voto.

Para su vergüenza, el condado fue forzado a regresar el dinero a sus residentes en un proceso complicado y engorroso. Pasaron los años. Propuestas en las balotas fueron y vinieron. Oficiales de transporte en el condado de Monterey trataban de extraer fondos para carreteras de los gobiernos federal y estatal sin mucho éxito. Se acumulaban los congestionamientos y accidentes. Y el presupuesto para la construcción de la desviación se disparó por las nubes. Para el 2002, el cálculo excedia los 645 millones de dólares.

Cuando se hizo evidente que el dinero nunca llegaría, los oficiales de transporte abandonaron la desviación. Procedieron con el Plan B, el cual fue terminado hace dos años. Los resultados del Plan B son lo que los conductores ven ahora cuando manejan por la carretera 101 a través de Prunedale. Se construyeron intercambios y los accesos a la orilla del camino simplemente fueron sellados. Esa alternativa salió por lo menos a la mitad de lo que la desviación hubiera costado.

Así que la desviación de Prunedale es ya, finalmente, de una vez y para siempre, un recuerdo exasperante. Su capítulo final llegó con un gemido y el veto del gober.

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About Joe Livernois

Joe Livernois has been a reporter, editor and columnist in Monterey County for 35 years.